Un proyecto de interiorismo y decoración en el que la distribución, los materiales y los pequeños detalles se unen para transformar por completo un espacio sin perder su esencia.
Cuando un espacio necesita algo más que un cambio de imagen
Cuando comenzamos a trabajar en Antojicos, el objetivo no era simplemente cambiar los colores o decorar una cafetería.
Había que conseguir que el espacio funcionara mejor, que tuviera más capacidad de almacenamiento y, al mismo tiempo, darle una identidad propia.
La inspiración partía de una cafetería de aire parisino, cálido y acogedor, pero queríamos llevarla a un terreno más personal, combinando ese carácter con materiales naturales, madera y una paleta de tonos suaves.
La transformación empezó desde la propia base del espacio.

Un nuevo ambiente a través de los materiales
Uno de los elementos que más personalidad aporta al resultado final es el revestimiento de madera.
Utilizamos madera de pino para crear el panelado de las paredes y también para fabricar diferentes soluciones de almacenamiento a medida.
La madera se trabajó con una técnica de pintura lavada, buscando un acabado imperfecto y natural que aportara ese punto vintage que queríamos conseguir.
El tono verde empolvado se convirtió en uno de los protagonistas del proyecto, combinado con tonos arena y elementos de madera.
La intención era crear un ambiente agradable, luminoso y con personalidad, pero sin que el resultado pareciera excesivamente nuevo o artificial.

Diseñar también es encontrar soluciones
En un espacio pequeño, cada centímetro cuenta.
Por eso, parte del proyecto consistió en encontrar nuevas posibilidades para elementos que ya existían y crear soluciones de almacenamiento que permitieran mantener el orden sin renunciar a la estética.
Las estanterías se diseñaron y adaptaron pensando en las necesidades reales de la cafetería y en la forma en la que se iba a trabajar en ella.
También recuperamos y transformamos piezas existentes, buscando que pudieran tener una nueva función dentro del espacio.
Porque para mí, diseñar no siempre significa comprar algo nuevo.
Muchas veces significa mirar de otra manera lo que ya tenemos.

Los detalles son los que terminan de construir un espacio
Una vez resuelta la parte más funcional, llegó el momento de trabajar todos esos pequeños elementos que hacen que un espacio deje de ser simplemente correcto y empiece a tener personalidad.
La iluminación, las plantas, los textiles, los objetos decorativos, la cartelería y las piezas recuperadas fueron incorporándose poco a poco hasta conseguir que todo tuviera sentido dentro del conjunto.
En Antojicos queríamos crear una cafetería que resultara cercana, agradable y reconocible.
Un lugar que tuviera su propia historia.
Y precisamente por eso, no buscábamos que todo fuera perfecto.
Queríamos que hubiera textura, madera, pequeñas imperfecciones y piezas con aspecto vivido.
Del proceso al resultado
Las fotografías del proceso permiten ver una parte que normalmente queda escondida detrás del resultado final.
Paredes protegidas, materiales, herramientas, pintura, muebles desmontados y muchas horas de trabajo.
Porque detrás de un espacio terminado hay mucho más que una fotografía bonita.
Hay decisiones, pruebas, cambios y soluciones que poco a poco van construyendo el proyecto.
Y eso es precisamente lo que más me gusta de mi trabajo:
ver cómo una idea va tomando forma hasta convertirse en un espacio real.

Antojicos, un espacio con identidad propia
El resultado final busca combinar funcionalidad, estética y personalidad, aprovechando al máximo los recursos disponibles y dando una nueva oportunidad a algunos elementos que ya formaban parte del local.
Antojicos ha pasado a ser un espacio más ordenado, acogedor y coherente con la imagen que queríamos transmitir.
Un proyecto en el que cada decisión tenía un propósito.
Porque al final, para mí, un buen diseño no consiste en llenar un espacio de cosas bonitas, sino en conseguir que todo tenga un sentido.



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